miércoles, 19 de noviembre de 2008

El futuro de la automoción


Pensaba el bueno de Steven Spielberg cuando realizaba su versión del año 2002 de la distopica visión del mundo imaginada por Philip K. Dick en Minority Report, que sería interesante que las predicciones tecnológicas ideadas en su film fuesen lo mas reales posible.

Con este fin, tres años antes de empezar la producción, Steven formó un equipo de expertos "en el futuro" con el objeto de de imaginar mediante un "brainstorming" los avances que el año 2054 nos presentará.

Lo gracioso del asunto es que muchas de las predicciones realizadas por esta película ya están teniendo su repercusión en el presente: teléfonos móviles, interfaz para ordenador, y seguramente alguno anda ya dándole al coco con aquella publicidad personalizada que asalta al viajero del transporte público reconociéndole a través de un scaner retinal.

Pero lo que nos trae hoy a esta entrada es la idea de la película en la que el transporte privado se realiza de forma automática en circuitos magnéticos de forma que el coche habitual se transforma en un pequeño saloncito donde el pasajero descansa o lee mientras llega a su destino.

Algo así han debido imaginar en Dinamarca, con el sistema RUF. Con esta idea, básicamente se sustituye el motor convencional del coche por otro electrico, y además de baja capacidad, ya que su forma de operar habitual es a través de un monorail que le suministra la energía de forma contínua.

El sistema consiste en la creación de monoraíles de corta anchura instalables, en el hueco que separa dos carriles de autovía ó en el arcén de carreteras nacionales. El usuario emplea la batería desde su casa hasta el monorail (un par de kilómetros). Tras esto, se alimenta desde el propio monorail como si de un escalextric se tratase. Solo se precisa batería para esos pocos kilómetros desde casa hasta el raíl.

Al ir el coche "abrazado" al monorail, no existe riesgo de descarrilamiento. Entonces el sistema puede ser totalmente automatizado. Me subo al rail, programo mi destino, y el vehículo me lleva. Puedo aprovechar el tiempo para otras tareas (dormir, trabajar, ver una peli, etc). Puedo ir de Almería hasta Bilbao, y solo se precisa mi atención durante unos minutos: al inicio y al final del trayecto. Además de esta ventaja evidente, al gestionar la conducción un sistema automático podemos hacer que la distancia entre vehículos sea minima, economizando además por la reducción de la resistencia del viento al ir en caravana como si de un tren se tratase.
El pago de esta energía eléctrica se haría por kilómetros, como una especie de peaje. A más kilómetros recorridos, mas energía consumida, y más se paga.

El problema de este sistema es la necesidad de implementar toda una nueva red de monorailes, así como la creación de un sistema informático de gran fiabilidad (un accidente de tráfico ya no sería por un error humano.

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